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Archie y los Elfos

Iba a rascarme la panza y postear alguna de mis tantísimas viejas historias que ya tengo empezadas y subir algunos capítulos poco a poco con la esperanza de terminarlos mientras lo hacía pero decidí mejor ser aún mas irresponsable y subir una historia inconclusa completamente nueva. Esta en revisión y probablemente tenga bastantes incoherencias y sufra modificaciones en el futuro, peero es material nuevo e inédito asi que supuse que no estaría mal como presentación.

Cualquier parecido con alguna serie, anime o similar es mera coincidencia (???) todos los personajes son mios de mi, aunque pude haber tomado prestados algunos de algun fanfic coescrito con Talitha pero igual siguen siendo originales XD

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Hay en el mundo lugares místicos. La mayoría de las personas piensan que son mitos, historias que permanecen de una época antigua donde todo era explicado con magia, seres extraordinarios o dioses; las culturas antiguas están plagadas de estos mitos.

Sin embargo todos esos mitos y leyendas no son solo imágenes salidas de las mentes de humanos del pasado. Hay, para la gran mayoría, una verdad que se ha perdido en el tiempo; que esta oculta para librarse de la modernidad y las explicaciones científicas, para mantener su pureza.

Así existen las tierras místicas; ocultas a todo, sin comunicación con el exterior. Algunas de ellas conocen la existencia de otras, pero la mayoría viven aisladas sin saber que ha sido del mundo que decidieron dejar para mantenerse vivos.

Uno de éstos sitios místicos esta en el mediterráneo.  Vive las costumbres de la Grecia antigua, es un sitio de guerreros indómitos con el poder de las estrellas para luchar.

Ahí es donde vivía Archemar. Un joven de 28 años; de ojos color aceituna y cabellos ensortijados. Un guerrero muy poderoso. Un joven responsable, dedicado a servir; criado y educado para ser lo que es: un soldado perfecto, haciendo lo correcto para los demás, sirviendo y utilizando los dones que la tierra mística le dio para mantenerla en paz y protegida.

Todo eso claro, tiene un precio, él pagó con su vida privada, la cual nunca ha existido, sin familia, sin amigos; sirviendo siempre a alguien, a su maestro mientras crecía, al pueblo cuando terminó su entrenamiento, a la diosa cuando entró al servicio de su templo; y a últimas fechas a su superior en la guardia militar de la diosa. La diosa claro, no tiene tiempo para dar órdenes y por tanto un humano es el que organiza el día a día.

Pero no todos los servidores de la diosa fueron educados como él. Saiph, el actual patriarca, es un guerrero igual de poderoso que Archemar. Igual que éste tiene un don que le ha dado la tierra mística. Archemar puede ver el futuro y el pasado; momentos emotivos en la vida de las personas; para él ha sido más una maldición que un don; en un mundo de guerras constantes las desgracias que ha podido ver con un solo roce de una mano lo han hecho introvertido, alejado del resto. En cambio Saiph tiene el don de mando, es el mejor estratega; no necesita ver el futuro pues puede moldearlo a su antojo; no hay hombre o mujer que se niegue a hacer lo que le pide. Es carismático e inteligente, apuesto y decidido, y la peor pesadilla de Archemar.

A Saiph no le gusta la gente mediocre y cree que Archemar lo es. No conoce su poder, pero no le gusta su carácter callado y retraído. Tampoco le gusta que sea tan dedicado y cumplido, le da mala espina, no conoce a nadie que dedique su vida entera al servicio de los otros y lo desespera, quizás, porque piensa que no es sincero y todo lo hace por quedar bien con la diosa o con los demás; quizás porque siente que amenaza su posición. De cualquier forma se esmera en mantenerlo sometido, y en evitar que destaque de cualquier forma.

Archemar lo sabe y trata de no tomarlo como algo personal, cumple con las responsabilidades que le imponen y pasa los pocos ratos libres que tiene lejos de su nuevo señor.

Quizás este arreglo hubiera funcionado bien si no hubiera sido por una mujer.  Una en la que ambos pusieron los ojos y quien no tuvo reparos en alentar a ambos para pretenderla.

Saiph era sin duda un mejor partido que Archemar, el hombre más poderoso en el lugar, con más poder e influencia sobre la diosa. Orgulloso y Egocéntrico, pero increíblemente apuesto. Pero mujeriego y enamorado solo de él mismo.

Archemar por su parte era también bastante apuesto; quizás no tuviera influencias, ni riquezas, ni pareciera quererlas. Pero su devoción por ella era halagadora. Ingenuo; se notaba a leguas que jamás había estado con una mujer, respetuoso, educado y tímido, la llenaba de atenciones y adoración platónica, nunca pretendía propasarse con ella, jamás tomaba y siempre estaba ahí para ella.  Si tan solo hubiera habido forma de fundirlo con Saiph habrían hecho al hombre perfecto.

Pero eso nunca sucedería claro y Archemar era ingenuo, pero no tonto y no tardó en darse cuenta de que la joven de quien se había enamorado como un adolescente no le correspondía de igual manera. Saiph que era aun mas avispado, tampoco tardó en notar las atenciones de el taimado Archemar para con su conquista del momento. No necesitó mas pretexto para deshacerse de él.

Una noche Archemar despertó sobresaltado rodeado de soldados; Saiph estaba en su puerta, con una sonrisa de satisfacción mal escondida.

“¡Ahí está, la estatua de la diosa, este maldito quería robarla!” la acusación era tan falsa como los sentimientos de su primer amor y decepción. Sin embargo la segunda decepción de su vida era aun más peligrosa. La acusación era grave; si no hacía algo le encerrarían en la prisión subterránea y le dejarían morir ahogado lentamente cuando subiera la marea.

Archemar había jurado proteger a la diosa a cambio de su vida misma si era necesario, pero no estaba dispuesto a regalar su vida solo para que Saiph se quedara con la chica sin estorbos; no había forma de probar su inocencia tampoco, nadie le creería al callado y retraído Archemar sobre el querido y respetado Patriarca.

Así que hizo lo único que le quedaba. Se levantó de un salto y derribó a un par de guardias para lanzarse por la ventana y poder escapar. Si no era Saiph quien le perseguía, sabía que podría escapar fácilmente, y sabía que al hacerlo se declaraba culpable y por lo tanto a Saiph no le importaría más lo que fuera de él pues nunca regresaría, y si lo hacía sería solo para que le mataran.

Huyó, corrió, con sus pensamientos en un mar de dolor, confusión y rabia.  Cuando llegó a la barrera que separaba su hogar del resto del mundo se detuvo titubeante;  jamás había salido y sabía que el exterior era un mundo totalmente diferente al suyo, lo había visto alguna vez y no le había gustado demasiado.  Pero no tuvo tiempo de pensar mucho; los guerreros que lo perseguían le daban alcance; tuvo que esquivar algunos ataques, otros le dieron causándole heridas graves; Saiph lo mandaba cazar como si fuera un animal peligroso.

Dejó de titubear y emprendió de nuevo la carrera; atravesó la barrera y sintió el golpe de dejar el sitio mágico a ese otro que estaba regido por reglas y orden y números.

Siguió corriendo, utilizando el poder de las estrellas, más rápido que el sonido, quería irse lejos, tan lejos como sus fuerzas le permitieran. Hasta que algo se cruzó en su camino. Una barrera.

El sentimiento fue tan fuerte que se frenó de golpe; había sentido el choque con una barrera parecida a la que separaba su realidad del mundo exterior. Se encontró en medio del mar y comenzó a nadar lastimosamente. Las heridas abiertas le ardían con el agua salada; la carrera le había gastado muchas de sus energías, estaba desorientado, sintiendo cosas extrañas y desconocidas. Nadó sin rumbo hasta quedar agotado; en la completa oscuridad del mar, dejó que el agua le llevara a donde quisiera, no importaba en realidad.

Cuando despertó estaba sobre la arena tibia.  Se sentía increíblemente pesado y agotado. Estaba sediento, tenía hambre, todo el cuerpo le dolía pero estaba vivo. Debía ser de mañana porque el sol no le quemaba la piel. Tosió un poco para limpiar sus pulmones y luego se quedó quieto.

No estaba solo…

Continuará.

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