Skip to content

2. El Santuario

 

“¡Sácalos de aquí¡Rápido!”

“¡Pero…!”

“¡Llévalos lejos¡ ¡Ahora!”

“¡No! No puedo dejarte…”

“¡Hazlo! ¡Es una orden!”

“¡NOOOOOOOO!”

Kiki despertó sobresaltado. Había vuelto a tener ese maldito sueño. Después de tantos años, aún lo torturaba de vez en cuando. Al menos cada vez era mas corto y menos claro, se desvanecía lentamente de su mente, pero siempre le dejaba la misma angustia, como si hubiera algo que le faltara por hacer… Pero por mas que le daba vueltas no podía encontrar que era… y si no lo pudo hacer antes, menos ahora que había pasado tanto tiempo.

Sacudió la cabeza y se tendió de nuevo sobre su cama mirando el techo completamente blanco. A lo mejor era hora de hablar con Jabu… había pasado bastante tiempo desde la última vez… tal vez inclusive Ikki estaría dispuesto a saludarlo en esta ocasión, no podía estar disgustado eternamente… al menos eso esperaba. De cualquier manera, el invierno se acercaba y el Santuario era mucho más agradable para pasarlo que Jamir.

 

Una pequeña ciudad en Holanda.

La lluvia comenzó a pegar en la ventana de su habitación, suave al principio, pero cada vez con mas fuerza. Tras la puerta, podía escuchar las voces de los niños que jugaban y corrían por la casa, como todos los días de verano, sobre todo aquellos en que llovía. Pero en su mente todo comenzó a sonar más y más apagado. Preocupado levantó la cabeza y miró a la ventana, la lluvia mojaba y resbalaba por el cristal, haciendo que la vista de afuera se hiciera borrosa, cada vez mas, pronto no sólo el paisaje fuera de su ventana, sino todo su cuarto comenzó a borrarse frente a sus ojos. “No de nuevo…” pensó llevándose la mano derecha a la frente. “No…”

Pero nada podía evitarlo, las imágenes y las voces volvieron a llenar su cabeza, voces estridentes que gritaban incoherencias, susurros apagados que no se podían entender, imágenes de un lugar lúgubre, de rostros angustiados, de un rostro… Él lo miraba fijamente, con su cabello despeinado y sus ojos antes fríos llenos de fuego. Lo llamaba, esta vez se lo ordenaba, por lo que habían sido antes, por todo lo que habían pasado juntos, tenía que ir ahí.

“¡Mami¡El tío esta enfermo de nuevo!” Uno de los niños había abierto la puerta de su cuarto cuando escuchó el ruido de algo que caía. Hyoga estaba de rodillas en el piso, sujetándose la cabeza con las manos, con los ojos y boca apretados, para no ver, para no gritar.

Una mujer joven llegó corriendo, y mandó a los niños fuera del cuarto. Luego, despacio se acercó a Hyoga. El aire a su alrededor comenzaba a enfriarse, la muchacha lo miró preocupada. “¿Hyoga¿Hyoga estas bien? Cálmate por favor…” La mujer puso una mano sobre su hombro tratando de sacarlo de ese estado. Era la tercera vez que pasaba en esa semana. Los ataques se estaban volviendo mas frecuentes y ella estaba segura que tenían que ver con la llamada que había recibido de aquel lugar. “Hyoga…”

Tan pronto como empezó, todo terminó. Hyoga recargó las manos en el piso mientras respiraba agitado. No tenía elección, tenía que ir por él. Sin decir nada, tomó una mochila del armario y guardó algunas cosas dentro tan aprisa como pudo y se dirigió a la puerta. La mujer que estaba con él trató de detenerlo sujetándolo por el brazo.

“¿A dónde vas? Esta lloviendo afuera, por favor, no salgas ahora, espera a que llegue Jacob” Dijo angustiada.

Hyoga volvió la mirada hacía ella, como meditando en sus palabras. “No puedo Beth. Tengo que ir por él…”

Beth se sorprendió por sus palabras. “¿lo… sabes? Pero… ¿cómo… desde cuándo…?” Preguntó casi en un murmullo, preocupada y a la vez avergonzada por haberlo ocultado.

“Lo he sabido siempre…” Dijo Hyoga girándose hacia ella.

“Es por el cosmo… ¿verdad?” Beth había escuchado hablar sobre él desde hacía mucho tiempo, cuando conoció a Jacob y se enamoró de él. Sabía que Hyoga lo tenía, y aunque no lo comprendía del todo, no podía encontrar otra explicación.

Hyoga asintió con la cabeza. Beth estaba mortificada, seguramente se sentía culpable por ocultárselo. “No te preocupes, hicieron bien, pero… es inevitable… tengo que ir…” Sabía que si se lo habían ocultado había sido para alejarlo de todo aquello que le traía recuerdos tan amargos, aquella última guerra que había destruido tantas cosas… Él más que nadie había tratado de olvidar y hacer una nueva vida, pero no podía escapar de si mismo, y él estaba metido en su cabeza y no podía ignorarlo más, cada vez el vínculo era más fuerte, cada vez era mas clara su voz, seguramente Crystal estaba volviendo en si, y no podía dejarlo en aquel lugar.

“Por favor, espera a que él regrese…” Beth conocía esa expresión en el rostro de Hyoga, estaba decidido y nada lo haría cambiar de opinión, pero no quería que se fuera así tan alterado.

“No puedo, no quiero que tus hijos me sigan viendo así, dile a Jacob que no se apure por mi, estaré bien,” Hyoga tomó las manos de Beth, cuyos ojos comenzaron a llenarse de lágrimas. “Lo estaré, confía en mi.” Tras decir esto, Hyoga salió de prisa de la casa y caminó calle abajo; la lluvia le golpeaba la cara y lo mojaba, pronto mechones de su cabello se pegaron contra su rostro, pero parecía no importarle, en su cabeza aún resonaba la voz de su maestro atormentándolo. “Pronto estaré ahí…” susurró, y las voces parecieron calmarse. Llegó a una pequeña plaza donde se reunían las personas bajo los techos de los comercios para no mojarse, muchos lo miraron extrañados, caminando bajo la lluvia fría sin siquiera un abrigo y como si esto no le molestara en absoluto. Un autobús se detuvo cerca de él y Hyoga lo abordó. Tomó un asiento cerca de la ventana y en silencio observó como quedaba atrás la pequeña ciudad donde había vivido tranquilamente por más de 5 años.

 

Rodorio, Grecia.

Yaeko y Clara llegaron por la mañana a su destino. Rodorio era un lugar encantador, Yaeko estaba fascinada, mientras se hospedaban en la pequeña pensión y miraba el panorama por su balcón. Esperaba tener tiempo libre para ir a visitar las ruinas que le habían dicho había cerca de ahí. De momento tendría que ir a ver a más policías y al forense, el sólo recordarlo le dio escalofrío. Esperaba con toda sus fuerzas que el famoso culto no tuviera nada que ver con los asesinatos, si John se llegara a enterar la haría regresar a Japón enseguida, y probablemente él iría por ella para asegurarse que volviera. Con un suspiro terminó de guardar sus cosas y se dirigió afuera, donde Clara la esperaba ya.

La profesora Clara entró al hospital donde lo esperaba el médico forense con que le habían pedido que hablara. “No quiero darle demasiados detalles, pero las heridas eran similares a las quemaduras producidas por frío intenso, como las provocadas con nitrógeno líquido, pero estaban demasiado repartidas por el cuerpo como para tratarse de un accidente de trabajo, eso sin tomar en cuenta el lugar y la forma en que fue encontrado. Los otros dos cuerpos tenían las mismas heridas.” El forense platicaba con la profesora por los pasillos del hospital.

“No lo sé, aunque hubiera uno de ellos capaz de formar nieve a su alrededor hay una gran distancia entre eso y lo que me cuenta, doctor.” Comentó la profesora pensativa.

“Ya lo creo, no es comparable en absoluto, y sinceramente dudo bastante que esto sea obra de alguna persona sin ayuda de algún aparato o una arma. Sin embargo la gente del pueblo ha estado presionando mucho a las autoridades sobre el asunto y no les ha quedado más que investigar. Le recomiendo que platique con esta persona,” Dijo, dándole una tarjeta con un nombre y una dirección anotado. “Si alguien sabe algo sobre esta supuesta orden es él, a lo mejor logra convencerlo de hablar…”

“Se lo agradezco doctor, si averiguo algo, se lo dejaré saber.”

Tras las despedidas de rigor, Clara se unió a Yaeko que se había quedado afuera, platicando con algunas personas por ver si averiguaba algo de los rumores que corrían por el pueblo, aunque no consiguió gran cosa.

“¿Y ahora que vamos a hacer?” Le preguntó a Clara mientras caminaban despacio por el lugar.

“Me parece que tendré que visitar a esta persona… Daichi, hm¿japonés?”

“¡Genial, no necesitaré el diccionario!” Dijo aliviada Yaeko.

 

En el Santuario.

Jabú observaba con ojos entrecerrados el entrenamiento de su alumno desde las gradas de la arena de combate. El chico se esforzaba por ser mas rápido y fuerte con cada nuevo golpe, era incansable y Jabú no dudaba que lo superaría rápidamente. Su concentración fue interrumpida por el ruido de unos pasos que llegaron desde su espalda. Ikki se sentó a su lado con el ceño fruncido según su costumbre. “Tu alumno mejora muy rápido”

“Lo se, me temo que muy pronto no tendré más que enseñarle… ¿No querrías ayudarme con él?”

“Sabes que enseñar no es lo mío… Me llegaron noticias del pueblo. Aparecieron dos cuerpos más.”

Ahora fue Jabú el que frunció el ceño. Aquello era demasiado. Como si no tuvieran ya suficientes problemas, ahora había alguien que iba por ahí matando gente e inculpándolos. “¿Cómo?” Preguntó mirando a Ikki

“Congelados, como el primero…”

Jabú no quería ni pensarlo, pero tenía que preguntarlo; “¿Has tenido noticias de Hyoga?”

“No muy recientes, pero no ha salido en todo el verano, y en realidad dudo que fuera capaz, sin embargo hay algo que me dejó consternado.”

“¿Qué cosa?”

“Hablaron de St. Johns. Parece que su inquilino ha estado mejorando últimamente…”

“¿Tu crees que él…¿Pero sigue internado, no?”

“Si, tampoco ha salido de ahí, pero me preocupa que Hyoga se entere, tengo un mal presentimiento…”

Jabú iba a decir algo, pero la voz de su alumno lo interrumpió. “¡Maestro¡Alguien ha llegado al Santuario!”Ambos hombres se pusieron en pie y siguieron al joven hacia la entrada.

Anuncios
One Comment leave one →
  1. alancrosak permalink
    3 enero 2012 9:59 AM

    muy bueno, ahora saint seiya se convierte en novela policiaca

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: