Skip to content

El Culto a Atenea

Rodorio, Grecia. 

El hombre corrió tan rápido como pudo por el callejón desierto. Se perdió entre las casas y por fin se libró de los oficiales que lo perseguían. Para entonces se encontraba en las orillas de la comunidad. No era ya un pueblo, pero no se podía considerar una ciudad. Respiró aliviado y se relajó un poco, mientras caminaba sin hacer el menor ruido por las últimas calles y se internaba en el terreno rocoso que las rodeaba. El abrigo que cubría su cuerpo lo protegía del frío, que se empezaba a sentir, el invierno ya estaba encima. Pero además le cubría casi totalmente la cara y sólo su cabello alborotado podía distinguirse.

Llevaba un paquete envuelto en papel y caminaba por aquellos cerros obscuros como si fuera de día y el terreno fuera plano, no dudó ni por un segundo el rumbo que debía seguir, a pesar de que en aquella noche ni si quiera la luna iluminara su camino, solo las estrellas. Un grupo en particular, pensó él…

 

Tokio, Japón.

Yaeko despertó muy temprano ese día. Tenía la impresión de que algo sucedería, no tenía la menor idea de qué podría ser, pero se sentía igual que si fuera a tener un examen final en la escuela; claro que hacía 3 años que había terminado la escuela y no tenía porqué sentirse así. Como de costumbre se le hacía tarde y corrió para llegar temprano a su trabajo. Era asistente de una conocida historiadora en la universidad. Aunque para ella, la querida profesora Clara estaba algo loca.

Tenia unas teorías tan extrañas sobre los cultos en el siglo XXI que no entendía como podía creerlas. Ella solo le seguía la corriente para evitar entrar en discusiones que pudieran afectar su cheque mensual. Pero por sobre todo era una buena persona y la apreciaba. Cuando entró en la pequeña oficina de la maestra, que como siempre estaba repleta de libros, revistas, reportes de alumnos, mil antigüedades y una que otra lata de soda vacía, encontró a la profesora hablando por teléfono con una emoción que no le veía hacía… no, nunca la había visto tan emocionada.

“Sí¡perfecto¡Partiremos para allá mañana mismo! De nuevo te agradezco esto, no sabes el trabajo que me has ahorrado. ¡Te debo la vida, adiós!” Dijo la profesora mientras terminaba de escribir algo en un papel, que igual podía ser el trabajo final de un alumno, o una hoja de un libro antiguo o una página arrancada del directorio telefónico. “Bueno, Yaeko, prepara tus maletas, mañana salimos para Grecia” dijo la profesora sin levantar la vista mientras buscaba algo en los cajones de su escritorio. “Te recomiendo que lleves bastante ropa, lo mas seguro es que nos quedemos un tiempo.”

Yaeko miró a la profesora con incredulidad. Ahora si, ya se volvió loca, pensó mientras la veía trasteando sus cajones. “Ah! y recuerda de llevar tu diccionario, porque tu Griego no es muy bueno que digamos” insistió mientras vaciaba otro cajón.

“Profesora¿se encuentra bien¿Que es eso de que nos vamos a Grecia?” Alcanzó a responder Yaeko antes de que la profesora gritara.

“¡Ah¡Por fin¡aquí esta! lo sabia…” Del último cajón (uno que nunca se usaba) sacó un cuaderno bastante maltrecho que la profesora comenzó a hojear como si estuviera leyendo un antiguo pergamino egipcio o algo semejante. “¿Eh¿Cómo dijiste?”

“¿Cómo que nos vamos a GRECIA?!” Alzó Yaeko la voz, era la única forma de romper el hilo de ideas de la profesora.

“¡Ah! Si querida¡mañana mismo partimos a Grecia! Al fin logré que la facultad aceptara mi propuesta de investigación sobre cultos paganos en Grecia, el gobierno de ese país nos ha concedido un permiso para realizar los estudios e incluso pagará nuestra estancia, así que como ves, tenemos mucho que organizar hoy” Tras decir esto la profesora guardó el cuaderno en una mochila, que ya tenia otros cuantos más adentro y se lanzó sobre el teléfono.

Yaeko se quedó con la boca abierta y dejó caer la bolsa que llevaba. La propuesta de la profesora era la idea más loca que jamás se le hubiera ocurrido a la querida Clara. Era mas bien una obsesión, ella juraba que había un culto a los dioses griegos que se practicaba con toda la seriedad del mundo, pero no sólo eso, decía que se practicaba por todo el mundo y que ahí en Japón había un gran centro de operaciones y que era muy poderoso. Claro, no tenía prueba alguna de todo esto que decía. Bueno, sí tenia; había un viejísimo vídeo de unas “guerras galácticas” en donde se veían a unos muchachos luchando unos contra otros con “superpoderes” (obviamente efectos especiales, aunque nadie había descubierto aún como lo habían hecho tan real) y unas fotografías de lo que a Yaeko le parecía una escultura dorada de un caballo con arco, aunque la Profesora insistía en que era una armadura de oro; ninguna de las dos cosas parecía tener mucho que ver con el famoso culto que Clara mencionaba, por eso nunca nadie había tomado en serio su teoría, hasta ahora…

“Pe… ¿pero como que se lo aceptaron?” Aún no lo podía creer. Pero la profesora estaba ya hablando con alguien mas y solo se limitó a sonreírle.

“Claro, por el resto del semestre por lo menos¿crees que puedas reemplazarme? no, no lo sé de seguro, pero es lo mas probable¿si¡que bien, muchas gracias¿como podré pagarte¿que? jajaja si, lo haré, lo prometo¡adiós!” Colgó el teléfono mientras Yaeko recogía su bolso y todo lo que se había salido de él. La profesora se dejó caer sobre la silla y miró a Yaeko con una sonrisa tonta en la cara.

“¿Ves Yaeko? te dije que era cierto, yo se que no lo crees aún pero te convencerás.”

“Pero aún no entiendo porqué…”

“Al parecer el gobierno Griego sospecha que es uno de estos cultos el responsable de varios eventos bastante extraños que han ocurrido últimamente, y han enviado por mí para que les ayude a determinar si es así. Aunque yo no creo que estén relacionados, esta es la oportunidad perfecta para obtener información para mi teoría.” Los ojos de Clara chispeaban de emoción, era su sueño hecho realidad.

Yaeko sabía que esta obsesión de la maestra había empezado hacía mas de 20 años, cuando era una pequeña niña y vivía en un orfanato. Se lo había contado todo alguna vez que ella le preguntara porqué creía tan firmemente en su teoría a pesar de que no había nada que lo probara. Según ella, ahí los visitaban algunos de los chicos que se veían en el vídeo y ella los había escuchado hablar sobre un Santuario y sobre la diosa Atenea. Miho, la encargada de cuidarlos, los había ido a visitar al hospital pues al parecer para pertenecer a este grupo había que ganarse su lugar a golpes. No recordaba mas, pero eso le bastó para dedicarse a investigar todo lo relacionado con estos muchachos. Había invertido en ello mucho de su tiempo y todo su dinero. Tenía varias teorías y se dedicaba a buscar en los periódicos hechos extraños que las sustentaran.

“Bueno, un paseo por Grecia no me caerá mal” dijo Yaeko dejando su bolsa colgada junto a la entrada y acercándose al escritorio para ayudar a la profesora con unos libros que le estorbaban. La cultura griega le fascinaba, era por eso que había aceptado ese trabajo con la profesora. A pesar de sus extrañas teorías, sus conocimientos al respecto eran asombrosos, había aprendido mucho de ella y no podía negar que le encantaba la idea de por fin poder visitar esas tierras.

Para el mediodía, Yaeko había logrado cancelar todos los compromisos de la Profesora por los siguientes tres meses, había hecho reservaciones de avión, hotel, transportación, había hablado con tres departamentos Griegos sobre los gastos, y tenía todo dispuesto para salir al otro día. Los preparativos la habían emocionado, o ¿había sido la profesora? No importa se sentía como en un sueño, lo mas lejos que había viajado era al otro lado de la isla en unas vacaciones de verano que había tomado como regalo de graduación, y ahora ahí estaba reservando habitaciones de hotel en Atenas, se sentía feliz.

“Bueno Yaeko, parece que ya está todo listo, yo pasaré en la tarde a recoger los cheques de viajero, así que ya te puedes ir a tu casa a hacer maletas, nos vemos mañana temprano en el aeropuerto¿esta bien?” le dijo la profesora cuando entró a la oficina tras haber ido a hablar con el director.

Yaeko asintió con la cabeza, muy emocionada para hablar, tomó su bolso, y salió corriendo por los pasillos de la universidad. Antes de ir a casa a empacar debía ver a alguien…

Llegó sin aliento a los laboratorios que se hallaban en el edificio de enfrente. Abrió una de las puertas que llevaban a un cuarto lleno de mesas, probetas, tubos de ensaye y que tenía un ligero olor a azufre.

“¿John¿estas aquí?” dijo tratando de controlar su emoción.

“¡Aquí atrás!” gritó una voz que venía de una puerta que daba al cuarto de almacenamiento. Yaeko entro al reducido cuartito, aunque más bien era un pasillo con estantes que llegaban hasta el techo y estaban repletos de material de laboratorio. En el fondo estaba John, con su bata blanca, sus lentes en el bolsillo y con las manos llenas de mecheros.

“¡Hola Yaeko¿que te trae por aquí a estas horas¿me puedes dar una mano con esto?” dijo mientras trataba de mantener todos los mecheros entre sus manos.

“Tengo algo muy importante que decirte,” Dijo Yaeko mientras le ayudaba con algunos de ellos. Ambos salieron al laboratorio y los dejaron sobre una mesa.

“Oh¿de que se trata?” John se puso los lentes para ver mejor a Yaeko.

Se veía hermosa como siempre. Era bajita, lo cual le encantaba, llevaba su cabello negro y lacio suelto y bastante corto, apenas le llegaba a la barbilla. Sus ojos negros, generalmente risueños, se veían hoy brillantes de emoción. Tenía las mejillas sonrosadas, claro síntoma de que había corrido desde su oficina en el edificio de enfrente. Seguro era algo importante lo que le tenía que decir.

“¡Me voy a Grecia!” Dijo Yaeko sin poderse contener ni un segundo más.

Los ojos cafés de John se abrieron, pero no tanto como su boca, “¡¿A Grecia¿Cuándo?”

“Mañana, me voy con la profe a investigar lo de su teoría”

Ahora si, John no se desmayó porque el olor a azufre lo mantenía alerta. Tardó unos segundos en reaccionar. “mañana… pero… ¡¿SU LOCA TEORÍA DEL CULTO A ATENEA?!”

Yaeko asintió con un leve movimiento de cabeza. “Ya sé, lo mismo pensé yo, pero al parecer al gobierno Griego no le parece tan descabellada la idea y quieren que la profesora vaya allá a hacer una investigación.” Yaeko tomó la mano de John que se había dejado caer en uno de los bancos que rodeaban la mesa. “Es una oportunidad única para mi, no pude negarme.”

John la miró con tristeza, el sabía que un viaje como ese era lo que ella siempre había soñado, y no sería él quien se interpusiera. “¿Y cuanto tiempo te irás?”

“Por lo menos tres meses” dijo Yaeko con voz baja. “Sabes que te voy a extrañar muchísimo”

“Y yo no sé que voy a hacer tres meses sin ti, pero aquí estaré cuando regreses.” mientras decía esto se imaginaba a Yaeko sentada en unas ruinas griegas rodeada de musculosos muchachos griegos que la adulaban y estuvo a punto de gritar pero se contuvo. “¡Cómo odio tener esta imaginación tan desarrollada!” pensó.

“Te escribiré todos los días, ya verás que se pasan rápido los 3 meses, antes de que puedas extrañarme estaré de regreso.” Yaeko miró fijamente a John. Sabía lo que estaba pensando, ella pensaba algo semejante. Podía ver a la resbalosa de su compañera de laboratorio colgándose de su brazo mientras lo seguía por toda la universidad, o acariciándole el cabello rizado y castaño que John llevaba tan corto. Esa era la principal razón por la cual había seguido con sus clases de artes marciales, no perdía la esperanza de algún día darle una buena golpiza a esa güera resbalosa.

“Si, bueno, solo prométeme que no te quedarás por allá a vivir con algún griego que se parezca a las fotos de las estatuas que tanto te gustan.” dijo John haciendo un puchero.

“¡Nunca!” se rió ella, “ y pobre de ti si regreso y te encuentro del brazo de la loca de tu compañera.”

“¡Prometo que no pasará!” dijo John poniéndose de pie y levantando una mano. Yaeko se rió y lo abrazó.

“Ojalá pudieras ir conmigo” Le dijo apretándolo tan fuerte como pudo.

“Que más quisiera yo” dijo John acariciando su cabello y meciéndola en sus brazos, hasta que la puerta del laboratorio se abrió intempestivamente para dejar entrar a un grupo de unos 20 muchachos y muchachas.

John saltó al mismo tiempo que Yaeko al oír la puerta, pero igual se escucharon risitas y comentarios de los chicos que los miraban divertidos. Yaeko se sonrojó y se dirigió a la salida.

“Te veo a la tarde” le dijo John. Yaeko asintió y salió.

 

Grecia.

El hombre del abrigo llegó a una zona plana en medio de las montañas, había ahí una escalinata que subía a lo que parecían templos, varios de ellos. Pero el hombre no las subió, se dirigió a las pequeñas cabañas que estaban en la parte mas baja. Se veía luz en algunas de ellas. De la mas próxima salió un joven que al parecer esperaba con ansia al hombre.

“Maestro, estaba preocupado, se tardó demasiado” dijo el joven que salió a su encuentro y le ayudó con el paquete.

“Estoy bien, es solo que ya no es tan fácil ir al pueblo como antes. Vamos, entra, hace frío.” Ambos entraron a uno de los cuartos. En el paquete había algo de comida. El hombre mayor le dio una poca y salió con el paquete. “Te veré mañana temprano” Se despidió tratando de sonar alegre. Después se dirigió a otra de las cabañas que tenían luz.

“¿Ikki?” Preguntó en la entrada.

“Pasa Jabú” respondió una voz desde adentro.

“Traje algo de comida¿quieres?” le dijo Jabú sentándose en una silla cerca de la mesa. Ikki estaba de espaldas en un escritorio de madera escribiendo algo.

“Si, claro, gracias” Se levantó y se dirigió a la mesa. La cara de Ikki se notaba cansada, su cabello antes negro azulado caía descuidadamente sobre sus hombros. La cicatriz que le cruzaba la frente y bajaba por su nariz se había desvanecido mucho con el tiempo, ahora era apenas visible, era mas llamativa la línea que le partía la frente, sobre todo cuando fruncía el ceño.

Ikki se sentó frente a Jabú y ambos comieron en silencio. Hacía varios meses que lo hacían así. La gente de la comunidad no quería saber nada de ellos; ahora tenían que vivir escondiéndose de todos para no ser linchados, la gente los odiaba como si ellos fueran responsables de todas las cosas que pasaban en el pueblo. Si tan solo supieran… pero no había nadie que les dijera, no había nada que pudieran hacer. Solo esconderse y esperar…

 

Japón.

Yaeko llegó a casa y empacó sus cosas a toda prisa, en ese momento se lamentó el no tener una maleta mas grande. Pero no importaba, tal vez su vecina tuviera una que le pudiera prestar. Cuando terminó le habló a su madre que casi se infanta cuando le comentó de su viaje; pero al fin le hizo miles de recomendaciones y encargos y le deseó buen viaje.

En la tarde John llegó y la invitó a cenar. Pasaron el resto de la tarde juntos, casi no hablaron pero bastaba con estar juntos; pasaría mucho tiempo para que volvieran a hacerlo. Y a la mañana siguiente la acompaño muy temprano al aeropuerto. Como de costumbre la profesora llegó ahí primero que ella.

“¿Lista Yaeko?” le dijo Clara cuando la vio llegar de la mano de John.

“Tan lista como se puede estar” contestó Yaeko sonriendo levemente. Estaba nerviosa, la profesora tenía razón, su griego no era muy bueno…

“Bueno, entonces que esperamos, vamos!” dijo tomando sus maletas. “¡Adiós John!”

“Hasta luego profesora, cuide mucho a mi Yaeko” Dijo John mirándola. “Adiós Yaeko, cuídate mucho, y no olvides escribirme¡por favor!”

“Lo haré John, no te apures. Adiós” Tras un beso y un abrazo, Yaeko salió corriendo tras la profesora que ya se encaminaba hacia el avión.

El viaje fue tranquilo, llegaron a Grecia bastante cansadas pero no tuvieron tiempo de ir a descansar. Unos oficiales las esperaban y las acompañaron hasta unas oficinas. Ahí las recibió el que parecía ser su jefe y las puso al tanto de la situación.

“Mire profesora, sabemos que cerca de esta comunidad han pasado cosas muy extrañas desde hace mucho tiempo,” Comenzó a decir el oficial tras las presentaciones. Les señaló un punto en el mapa que tenía en la pared. “Todos ahí hablan de peculiares personajes que han causado muchas desgracias. Hace poco llegó a nuestra oficina una solicitud de su universidad sobre la información que usted solicitaba. Bueno, a mi me pareció que sus teorías concordaban bastante con lo que ha pasado ahí. Por eso es que esta usted aquí. Quisiera que viajara hasta allá y viera si es que esto es cierto o solo son habladurías de la gente. Que dice profesora¿acepta?”

“¿Comentó usted algo sobre asesinatos?” Preguntó la profesora. Yaeko se asustó un poco al oír esto pero no dijo nada.

“Si. Hace un mes, un hombre apareció muerto en ese lugar. Algo muy extraño.”

“¿Pero eso que tiene que ver con mi investigación?”

“Bueno, el forense determinó que todas las heridas que tenía no fueron hechas con ningún arma, al menos no una conocida, las únicas marcas identificables eran de golpes con las puños. Algo bastante fuera de lo común. Pero no tanto como las heridas hechas por congelación, el forense les podrá explicar con mas detalle. Después de esto, aparecieron dos cuerpos mas, mismo tipo de heridas. Así que como verá, la o las personas que hicieron esto, no son personas comunes, y los daños que esta persona recibió se parecen bastante a lo que muestra ese vídeo que nos envió. Por eso decidimos llamarla. Todos en esa comunidad están muy asustados.”

“Y estas personas que se encontraron asesinadas¿eran parte de la comunidad?” Preguntó la profesora.

“No, de hecho, no hemos sido capaces de identificarlos, nadie reclamó los cuerpos y no han sido reportados como desaparecidos.”

“Esto es extraño realmente. Esta bien, iremos a ese lugar. Espero poder ser útil para esta investigación, aunque debo de admitirle que no soy ninguna experta en crímenes.”

“Lo sabemos, lo que nos interesa es su conocimiento sobre el culto de Atenea.”

Tras despedirse se dirigieron al hotel, al día siguiente saldrían muy temprano hacia aquel poblado. Durante todo el camino Yaeko estuvo muy callada.

“¿Te pasa algo Yaeko?” preguntó la profesora al darse cuenta de esto.

“Me preocupa un poco lo de los asesinatos¿que tal si terminamos muertas por andar investigando?”

“No te preocupes Yaeko, te aseguro que si damos con ese culto, comprobaremos que en realidad son pacíficos.”

“Eso espero, profesora, eso espero…”

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: