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Prologo

Kakashi entró tranquilamente a la sala de asignación de misiones, con un reporte de misión algo arrugado y manchado en su mano. Los chunin que recibían el papeleo estaban ocupados con sus trabajitos seguros. Sin duda, su mayor preocupación era cuidarse del siempre presente peligro de las cortaduras de papel, Kakashi pensó irónicamente.

El Jounin había llegado a una hora en que sabía que no habría filas. Solía frecuentar la oficina de misiones y estaba familiarizado con su horario. Sin embargo, en lugar del shinobi de la nariz marcada, Umino Iruka, un chunin recién promovido esta recibiendo los reportes de misiones entrantes.

El adolescente miró el reporte, miró a Kakashi, y luego miró algunos archivos. “¡Este reporte tiene tres días de retraso!” Remarcó con sorpresa. Si, definitivamente era nuevo en esto.

“Tuve que rescatarlo de ardillas dementes.”

El Chunin lo miró incrédulo.

“Han estado robando últimamente,” el jounin explicó.

La historia era ridícula, pero ¿se atrevería el adolescente a acusar al famoso ninja copia de mentir? Finalmente, regresó su mirada al reporte maltrecho. “¿este documento esta encriptado?” preguntó inocentemente.

Kakashi sonrió bajo su máscara. ¿Y qué si tenía mala letra? Eso pasa cuando te enseñan a matar antes que a leer o escribir.

Pero si este chico no podía leer el reporte, tampoco se podría quejar de su contenido. “Iruka-san puede leerlo,” dijo evasivamente. Ese maestro podía entender hasta los más rebuscados garabatos.

“Oh. Esta bien, lo dejaré para Umino-san cuando regrese de su misión.” El reporte fue colocado en un paquete bastante grande de papeles que estaba sellado en un tubo de grandes dimensiones.

Kakashi no soportó la idea de tener tanto papeleo que hacer regresando de una misión. Casi se sintió mal por agregar su reporte deformado a esa pila. Casi.

En este punto, Tsunade entró como trueno en la habitación. “¡Acabo de recibir noticias de la Arena!” Sus ojos estaban relampagueando peligrosamente y los trabajadores chunin revolotearon para poner atención. “El escuadrón Anbu llegó ahí seguro…” 

“Esas son buenas noticias, Lady Tsunade…” comenzó uno de los trabajadores. 

“¡CON EL PERGAMINO EQUIVOCADO!” explotó la Hokage.

Había que darle crédito a los trabajadores que no se acobardaron con miedo mientras olas de enojo emanaban de su líder. “¿Dónde esta el pergamino prohibido?” demandó.

Hubo una exposión de actividad mientras los ninjas que hacían el papeleo se apuraban para encontrar la respuesta a tal pregunta.

Un pequeño “eep” se pudo escuchar de la esquina noroeste del salón. El chunin recién promovido tenía una mueca de culpabilidad en su cara. “Tsunade -sama, Y…Yo… lo confundí con un pergamino clase C.”

“¿Tu mezclaste un pergamino clase S con uno clase C?” repitió Tsunade. Su voz sonaba calmada, pero había un tono de peligro escondido bajo ella. “¿Y donde, por favor dime, esta el pergamino prohibido?”

El adolescente miró el fólder en su mano. “Eh.. debería estar… en su camino a Piedra… con un grupo de chunins.” La duda y la preocupación se entrelazaban en sus palabras.

Kakashi observaba con interés mientras los eventos se desarrollaban. ¿Su Hokage desataría su furia contra el chico?

Los fieros ojos rojos de su líder se asentaron sobre el ninja, y éste comenzaba a desear  haberse ido de ahí cuando tuvo la oportunidad.

 

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